Racismo, Wahabismo e imperialismo

Joaquim Jiménez Planells

Tras los atentados de Barcelona, la extrema derecha ha iniciado varias campañas de criminalización de los musulmanes usando el islam como elemento fundamental en su ataque, con el objetivo claro y profundo de sembrar el racismo contra los sectores inmigrantes musulmanes que en España, suponen un 3,6% de la población. No soy precisamente un defensor del islam ya que al igual que cualquier religión, su poder político e ideológico, es un impedimento para la construcción del socialismo y lo considero nocivo para las conquistas de los trabajadores, pero lo es sobre todo, para la libertad de las mujeres. Pero lejos de esto queda el racismo encubierto del que se ha revestido el discurso de la extrema derecha referente al islam.


Primero hay que hacer un ejercicio de separación; porque una cosa es el islam, y otra el wahabismo y salafismo, igual que hay que separar catolicismo de protestantismo o Lutero y Calvino (Padres ideológicos del capitalismo liberal) de Santo Tomás de Aquino. Debemos ser justos y separar islam de wahabismo, porque, aunque la base ideológica de toda religión es idealista y por tanto contraria al materialismo y al marxismo, las relaciones y cosmovisiones del mundo de cada una de esas ideologías son opuestas y enemigas entre sí. Y unas más que otras benefician al progreso y conquistas de los trabajadores. Entonces es fundamental entender porqué surgen el wahabismo o salafismo y porqué éstos tienen mucho más que ver con el imperialismo y neocolonialismo que con el propio islam o lo que la extrema derecha llama “choque de civilizaciones”.

Wahabismo: consecuencia del imperialismo estadounidense en oriente medio

Las relaciones de producción globalizadas están hoy a la orden del día, el comercio internacional forma cada vez más parte de la organización y división internacional del trabajo, puesto que cada país tiene un determinado papel en la economía mundial, funcionan tal y como explicó Lenin en “Imperialismo, fase superior del capitalismo”, bajo un régimen global de dominación y subordinación, de los Estados imperialistas sobre el resto del mundo. Es importante comprender las relaciones comerciales y geopolíticas para entender el surgimiento del wahabismo y salafismo.

Cabe destacar que el mundo árabe tuvo una época dónde el islam no era visto como algo reaccionario, sino que fue utilizado por la antigua unión soviética como elemento de lucha contra el imperialismo americano, para construir la soberanía árabe, promover el progreso, la industrialización de oriente medio y su descolonización (este período se terminó aproximadamente con el golpe de estado y destrucción de la URSS). Solo hay que ver cómo eran los derechos de la mujer y sus vidas en la Afganistán de los años 40-70 y en qué han quedado ahora, después de que EEUU financiara en los 80 a los grupos muyahidines (Que más tarde se convirtieron en talibanes y posteriormente en el estado islámico) para que tomaran el poder y así impedir el expansionismo de los intereses soviéticos durante aquella época.

El wahabismo nace como doctrina religiosa en el siglo XVIII, pero no es hasta hace bien poco cuando se globaliza gracias al apoyo importante que dos estados clave de oriente medio brindan a estos terroristas, Arabia Saudí y emiratos árabes. Sin estos dos estados, este movimiento yihadista jamás habría prosperado o triunfado en el mundo árabe de la manera en que lo ha hecho hoy día, ya que los aliados de Estados Unidos (junto con Israel), han proporcionado una financiación tanto militar como política a éstos fanáticos.

La alianza del wahabismo con el imperialismo estadounidense es más que necesaria, porque la base de la acumulación de capital y de las políticas imperialistas recae en que las potencias dominantes mantienen su dominación promoviendo el atraso, cultural, industrial, tecnológico, etc. Sobre las naciones que desean dominar, impidiendo así su desarrollo. Colocando gobiernos títere que quitan y ponen como les conviene.

A los EEUU les conviene mantener oriente medio destruido y enfrentado en una perpetua guerra santa, mientras las empresas armamentísticas occidentales alimentan con armas esos conflictos, que a su vez impiden que las fuerzas productivas se desarrollen, dando vía libre a las empresas de capital extranjero a hacerse por un coste irrisorio con materias primas muy preciadas.

Para ello les ha servido muy bien el wahabismo, una ideología, que promueve la vuelta a la servidumbre feudal, a la sharia, dónde las mujeres son meros objetos para comprar y vender, dónde se fomenta la pederastia y las niñas pueden ser casadas en contra de su voluntad con hombres de 40 y 50 años, que destruye en parte las relaciones de producción burguesas que avanzan hacia el progreso industrial y las sustituye por relaciones de producción feudales y agrarias. El wahabismo y el salafismo no son más que una creación “accidental” pero muy conveniente a su vez de los bloques imperialistas occidentales para sumir en la explotación y servidumbre feudal a oriente medio, mientras las grandes empresas se llevan los recursos naturales de los países a occidente.

Éste es el verdadero motivo, de la existencia del yihadismo, una consecuencia brutal y terrible de las políticas del imperialismo y los servicios secretos estadounidenses. Y no un choque de civilizaciones o una “invasión” como afirma la extrema derecha, que acusa a los sectores más castigados y vulnerables de la inmigración musulmana en España.

Pero ante esto tampoco debemos caer en los tópicos de la izquierda post-laica, y hacer una defensa encubierta del “islam”, acusando de islamofobia a quienes critiquen ésta religión, nuestro trabajo es revelar el racismo incipiente de esas acusaciones que la extrema derecha vierte con un discurso demagógico, pero sin dejar de criticar y cargar contra cualquier religión que somete al pueblo a la ignorancia y al atraso, porque ya sea catolicismo, islamismo, judaísmo, etc. Toda religión es contraria a los intereses de la emancipación de los trabajadores. Y si no libramos esa batalla nosotros, hablando claro sobre todas las religiones sin excepción y creando una base material para la organización de la solidaridad, la extrema derecha nos ganará el terreno, sembrando además un reguero de intolerancia y xenofobia que nos será muy difícil de combatir en el futuro.


Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

INSTAGRAM
Conócenos mejor