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Pride: Justicia y reparación para la memoria LGTB

Pride: Justicia y reparación para la memoria LGTB

En 2014 se estrenó la película ‘Pride’, una comedia buenrollera de temática social, o lo que los ingleses conocen como feel good movie. En la misma línea que ‘Billy Elliot’ o ‘Full Monty’,  ‘Pride’ narra un conflicto social desde un punto de vista optimista, donde el conflicto sirve para movilizar la acción de los personajes, pero dejándose de lado cuando los conflictos internos o interpersonales adquieren el protagonismo de la película. De este modo las feel good movie retratan un entorno naif de determinados conflictos sociales, llenándose de historias de superación y amistad, pero alejándose de un análisis material de las causas del conflicto y la magnitud de sus consecuencias.

Basada en hechos reales, ‘Pride’ nos sitúa en el Reino Unido de 1984, durante las huelgas mineras. El gobierno Thatcher había confiscado los fondos del sindicato nacional de mineros (National Union of Mineworkers), lo que había convertido en ineficaz el envío de donaciones al sindicato para apoyar la huelga.

La película comienza cuando un grupo de activistas LGTB, liderados por los comunistas homosexuales Mark Ashton y Mike Jackson, deciden recaudar fondos para los mineros durante la manifestación del Orgullo LGTB en Londres. Esta acción, casi improvisada, tiene como consecuencia la fundación de LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners), una asociación de personas LGTB organizadas para apoyar a las familias de los mineros en huelga, dando lugar a una alianza histórica de la lucha LGTB y el movimiento obrero.

El pase de la película contó con la presencia de Mike Jackson y Bret Harran, fundadores de LGSM

Destaca la interpretación de Ben Schnetzer en el papel de Mark Ashton, histórico activista gay y secretario general de la Liga de Jóvenes Comunistas. Los miembros de LGSM declararon tras la premiere que Schnetzer había logrado durante 120 minutos devolver a la vida a su incansable compañero de luchas.

Lejos de ser una cinta activista, la película retrata el activismo de unos años convulsos. El cine activista británico, con Ken Loach a la cabeza, y más aún el cine activista LGTB, difiere de películas como ‘Pride’ en cuanto a que su fin último es denunciar la opresión ejercida sobre determinados estratos sociales y plantear respuestas para acabar con las violencias estructurales del sistema capitalista.

Sin embargo, ‘Pride’ es una película comercial, y como tal su fin es el beneficio económico. Ejemplo de ello es el trato que recibe el comunismo en la película, invisibilizado para facilitar la distribución de la cinta en EEUU. El lesbianismo es el otro gran perjudicado en la película, mostradas las mujeres lesbianas como una minoría, estereotipadas, individualistas, y cuyas intervenciones se limitan a gags cómicos.

Erróneamente podríamos caer en el análisis de que ‘Pride’ se apropia de la lucha LGTB y mercantiliza los derechos de las personas LGTB. Especialmente si recordamos que la película está dirigida, como la gran mayoría de películas que se proyectan en las salas de cine comerciales, por un hombre blanco cisgénero y heterosexual.

Tras la proyección de la película, los espectadores pudieron hablar con miembros de LGSM.

Aún así no deja de ser una película necesaria, tanto para el activismo LGTB, cada vez más mercantilizado, como para el movimiento obrero, donde acabar con la homofobia y la transfobia parece utópico. ‘Pride’ se ha convertido en una cita habitual para los colectivos LGTB, sin embargo es difícil encontrarla en la programación de las agrupaciones de izquierdas más allá de la semana del Orgullo LGTB.

Si para alguien era realmente necesaria una película como ‘Pride’ es para las personas LGTB, activistas o no, las cuales carecemos de referentes históricos fuera de la cultura popular. El imaginario colectivo está hegemonizado por hombres cisgéneros homosexuales, blancos, de éxito, con cuerpos normativos y gran capacidad adquisitiva, cuya opresión dista de la de la mayoría de la comunidad LGTB.

Por esto es necesario reivindicar la memoria histórica LGTB, traer del olvido a todas las grandes activistas que como Mark y Mike, o como Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson en Stonewall, agitaron los cimientos del cisheteropatriarcado para que nosotras hoy podemos retomar su legado y seguir la lucha.

Patricia Aranguren


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