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La izquierda en la encrucijada catalana

La izquierda en la encrucijada catalana

Ricard Juan Escrich

Tras la controvertida convocatoria del referéndum unilateral del 1 de octubre y la Ley de transitoriedad hacia la independencia de Catalunya en el Parlament de Catalunya, estamos asistiendo a una escalada de la represión del Estado, a un enfrentamiento identitario cada vez más agudizado en la sociedad y al desconcierto y la parálisis de la izquierda española.

Nadie sabe lo que ocurrirá el domingo uno de octubre. Posiblemente sea más una fuerte movilización que un referéndum, donde se vote irregularmente en algunos sitios, en otros se den grandes manifestaciones y haya un alto grado de represión policial del régimen.

Es preocupante ver a muchos militantes de la izquierda, así como sectores populares, cayendo en una de las posiciones en pugna, o bien idealizando el “proces” como un hecho revolucionario sin ver sus limitaciones y contradicciones, o cegados por el anticatalanismo, justificando la represión del Estado y negando el derecho a la autodeterminación del pueblo catalán, o incluso, su propia existencia como realidad nacional.

Es momento de la reflexión y la acción para evitar que el conflicto catalán acabe en un enfrentamiento identitario que domine la realidad catalana y española durante décadas. De lo que pase en los próximos días dependen muchas cosas, por eso es fundamental saber cómo hemos llegado aquí y hacer propuestas para la acción, en estos días y a partir del dos de octubre.

Hay que mirar más allá para que no quede todo polarizado entorno a la cuestión nacional catalana en clave chovinista y en la legitimación popular de una salida autoritaria de régimen mediante la exaltación de un nacionalismo español de carácter reaccionario. La cuestión es saber, ¿Cómo se ha llegado a esta situación? ¿Se puede dar una solución democrática a la cuestión nacional bajo el régimen del 78 y dentro de la UE? ¿El “procés” será la espoleta que volará el régimen? ¿La represión contra el pueblo de Catalunya reforzara o debilitara al régimen? ¿Qué puede hacer la izquierda española contribuir a encontrar una solución política?

Del 27-S al 1-O: Las contradicciones del “procés” y la base social del independentismo

Siendo honestos, muy pocos imaginaban hace meses que el potente movimiento popular independentista y las contradicciones entre los partidos que sustentan el “proces” llegarían hasta la convocatoria de un referéndum unilateral enfrentado a los poderes del Estado. La izquierda española ha subestimado a las fuerzas del “procés” y ahora está desbordada por los acontecimientos. Hay que analizar cuáles son las claves, las fuerzas en pugna y sus contradicciones.

El 1 de octubre es el producto del fracaso de las fuerzas del “procés” en las elecciones plebiscitarias del 27-S, en las que se dio la paradoja de que las opciones independentistas, unas agrupadas en JxS (CDC y ERC) y otras entorno a las CUP, no tuvieron la mayoría en votos pero sí ganaron en diputados, (debido a la ley electoral catalana tan injusta como la española). Los resultados dieron un peso determinante a la CUP que ha sabido condicionar en clave nacional, no tanto social, conjuntamente con la base social del independentismo, al Govern de la Generalitat, explotando con habilidad las diferencias entre republicanos y exconvergentes.

En estos años, las diferentes fuerzas del “procés” han aprovechando la debilidad de la derecha catalana, que creyó que podía utilizar el movimiento popular para refundarse con un discurso más independentista, (rompiendo su federación con la Unió del reaccionario Durán i Llleida y cambiando su nombre de CDC al actual PDCat), para limpiar su imagen de partido corrupto, represivo, neoliberal heredero del pujolismo y resituarse para volver a ser un interlocutor válido para negociar con Madrid mejoras fiscales y repartos de poder, pero de momento, están siendo arrastrados por las dinámicas de un movimiento que les ha desbordado. Sin estas condiciones, es bastante improbable que el PDCat e incluso ERC, hubieran llegado tan lejos.

Es sorprendente la capacidad que ha tenido el independentismo de mantener una movilización de masas sostenida en el tiempo, adaptándose y manteniendo la iniciativa en situaciones complejas e ir superando sus contradicciones para llegar hasta el uno de octubre. Es cierto que han contado con la infraestructura y los medias públicos de la Generalitat, así como de más de setecientos municipios organizados entorno al AMI, pero también lo ha sido, el papel sustancial del mundo de la cultura catalana encuadrada entrono a Ómnium Cultural, los sectores de la intelectualidad, la universidad y los estudiantes ligados al “procés”, del deporte e importantes clubs de futbol como el Barça, de algunos grandes empresarios, organizaciones patronales, cámaras de comercio y de la pequeña burguesía urbana, además del respaldo de asociaciones del mundo rural y campesino y algunas pequeñas organizaciones obreras y corrientes de diferente calado en las grandes centrales sindicales.

Una nueva muestra de las fuertes contradicciones en las fuerzas políticas del “procés”, que reflejan las diferentes posiciones de cara al futuro, es el fuerte debate que ha abierto el PDCat acerca de descartar una declaración unilateral de independencia (DUI) tras el 1 de octubre. Cosa que ha matizado ERC afirmando que será el Parlament o el Govern quien lo decida y luego la CUP, que defiende lo que salga en las urnas y si no hacer directamente la DUI.

También en estos días ha salido a escena la patronal catalana, que mayoritariamente no respalda el 1-O pero sí busca conseguir contrapartidas utilizando el conflicto, haciendo una propuesta para que la Comunidad Autónoma y el Estado acuerden un referéndum legal en 2019 para reformar el actual Estatut y dotar a Cataluña de mayor autonomía basada en cuatro bloques: reconocimiento de identidad catalana propia, un pacto fiscal ‘a la vasca’, más inversiones del Estado en suelo catalán y vía libre a que Cataluña tenga representación propia en organismos internacionales e incluso competiciones deportivas.

Tras el uno de octubre se abren nuevas incógnitas ¿Qué posición se impondrá y cómo reaccionarán las diferentes fuerzas del “procés”? ¿Se impondrá la negociación con el Estado y nuevas elecciones autonómicas o se llevará la DUI hasta el final? Mucho dependerá de los acontecimientos del uno de octubre. También puede ser determinante el control del Govern de TV3 y CatInfo y que la dirección del movimiento está en manos de la ANC y Ómnium (PDCat y ERC), ya que la CUP solo tiene un peso significativo en algunos municipios, entre los estudiantes y los jóvenes independentistas.

Las fuerzas del “procés” hacia la construcción de una nueva mayoría

Hay que reconocer que las fuerzas del “procés” han acertado en la táctica para ampliar su base social y lograr una nueva mayoría. Conocen la realidad catalana y han adaptado bien su campaña. Saben que independentismo es mayoritario en la Catalunya rural y entre la pequeña burguesía urbana, pero que el sentimiento de pertenencia a España es mayoritario entre la clase obrera industrial y en el área Metropolitana de Barcelona, en menor medida en Tarragona y las otras grandes ciudades por el importante componente inmigrante de origen español, los conocidos despectivamente como “charnegos”.

Una realidad constatada por encuestas y resultados electorales refleja que más del 80% del pueblo de Catalunya quiere votar en un referéndum vinculante. También es conocido que la mayoría de la población trabajadora del Área Metropolitana, lo que se llamó en su día el “cinturón rojo” de Barcelona, simpatiza con opciones de izquierdas, con las causas de los oprimidos y frente a la represión, por su larga tradición obrera, mestiza y antifascista. Esta es la explicación del discurso que lanza el “procés”, basado en el republicanismo y la democracia para presentarse con una imagen marcadamente más avanzada y progresista que la actual España. No es casual la introducción de la república en la pregunta del referéndum, para atrapar y atraer a jóvenes, obreros/as y gentes de izquierdas que no son independentistas pero que no se ven representados en la actual España monárquica, corrupta, autoritaria y anticatalana, y que repudian al Gobierno nefasto de Rajoy.

También sabe el independentismo que la izquierda española no hará frente común ni se movilizará con la derecha españolista. Hay sectores minoritarios de la izquierda que han caído en posiciones identitarias del nacionalismo español, pero son poco significativos. Otro elemento importante que ha jugado a favor de la causa del “procés” ha sido la brutal represión de la semana pasada y el despliegue policial desproporcionado del régimen en Catalunya, que han reforzado el apoyo y la intención de participar el 1-O como muestra forma de protesta. Lo que algunos sectores del independentismo no deben confundir, es que la solidaridad que ha habido estos días de sectores que no son independentistas, son por cuestiones democráticas, no como apoyo a la independencia. Sería un error sectario interpretarlo como una ampliación de la base del independentismo.

¿Por qué un referéndum pactado y con garantías democráticas?

Si bien es cierto que la mayoría de catalanes quieren votar, también es cierto que una gran parte del pueblo de Catalunya no se ve representado el 1-O. El problema es que en todo el proceso del referéndum no se ha contado con los sectores populares y obreros que no son independentistas. A una parte significativa no le representa un referéndum donde la participación solo sirva para avalar una posición preconcebida, la de declarar una independencia unilateral. Ese sector de catalanes es muy importante y existe. También tiene derechos y no se le puede excluir. Si no se ve reflejada esta parte de la sociedad, quedará a expensas del nacionalismo español más reaccionario y neofascista. Es por esto que el 1-O no es la solución ya que no tiene garantías y excluye a gran parte de la sociedad catalana por su carácter unilateral.

Otro elemento importante acerca de las garantías del 1-O es la situación de indefensión en que quedan miles de empleados públicos de la Enseñanza, los Mossos, ayuntamientos, de la Generalitat, etc. Al final han quedado de facto en medio del conflicto, teniendo que elegir entre posibles represalias del Estado y poniendo en peligro su puesto de trabajo, y si se es independentista o demócrata, mantenerse fiel a sus ideas.

Cuando se afirma que para que un referéndum sea real debe ser “pactado” y con “garantías” no quiere decir sin lucha, si no, cuando se den las condiciones y una correlación fuerzas favorable (movilización de una mayoría social, apoyo y reconocimiento internacional, instrumentos políticos y militares para sostener esa soberanía, etc), se podrá forzar un referéndum que sea efectivo y reconocido. Lo demás es una movilización, muy grande si se quiere, por el derecho de autodeterminación. Decir esto no es “pedir permiso”, como dicen muchos independentistas, es conquistar el reconocimiento del derecho para que la autodeterminación sea real. Si no, se corre el riesgo de llevar al pueblo a un callejón sin salida y a una nueva frustración. No se le puede prometer al pueblo un camino de rosas, hablando de la “revolució dels somriures”, para que luego se encuentre impotente frente a la brutal represión del Estado.

Adiós a las Ilusiones “atlantistas” y el reconocimiento internacional

El relato inicial de los partidarios del referéndum y posterior declaración de independencia unilateral se basaba en que la llamada “comunidad internacional” no permitiría la represión del régimen español y que intervendría en pro de los Derechos Humanos e incluso que reconocería el resultado del 1-O. Como decía en un impecable artículo el periodista Rafael Poch: “Hay una esperanza infantil en que «Europa», léase la Unión Europea, acabe resolviendo de alguna forma la crisis catalana. Es una tesis que sugieren todo tipo de vendedores de alfombras, sean periodistas o políticos.” 

Es paradójico que la mayoría del “independentismo” político y sociológico defienda la soberanía mientras la limita a permanecer UE y la OTAN a toda costa, renunciando a otras alianzas internacionales. Esa contradicción será uno de los factores que llevará a una crisis al “procés”. Hay quien se agarra a un clavo ardiendo para mantener la ilusión de que la UE salvará la situación. La UE es una unión antidemocrática de estados capitalistas que se opone a la soberanía de los pueblos como se ha visto en Grecia, Ucrania, Yugoslavia, Siria, Irak, Afganistán, Libia, etc.

Como afirma Rafael Poch en el mismo artículo: “La simple y cruda realidad es que a la Unión Europea no le impresionan mucho los referéndums ni los movimientos populares. Lo demostró de forma bien clara en Grecia. En 2015 hubo allá un referéndum, ordenado e impecable, en el que el 61% votó contra la austeridad”. Hay que tener presente que el conflicto de Catalunya podría poner en peligro a la Unión, ya que si algún Estado o toda la UE reconociera la separación de Catalunya (que no significa independencia respecto a la UE), detrás vendrían los flamencos, bretones, corsos, vascos, lombardos, etc, lo que pondría en peligro la integridad de los Estados miembros (Italia, Francia, España, Bélgica, etc), y podría suponer la explosión de la UE.

A las potencias imperialistas, tanto la alemana como la francesa, no les interesa Catalunya más que la UE, tampoco a EEUU le interesa reconocer a Catalunya, ya que España es un importante aliado, una plataforma político-militar estratégica hacia África, Europa y Latinoamérica y un mercado importante para mantener su dominio mundial frente a Rusia y China. Como mucho, le puede servir a Trump para presionar a Rajoy y sacarle algún acuerdo comercial o contrato militar importante más favorable al imperialismo estadounidense.

Tanto la UE como EEUU tratan el 1-O como una cuestión interna de España. Otra cosa es que no les interese dar la imagen de apoyar una represión “excesiva” y que, por eso, presionen al gobierno central para no excederse y buscar una solución dialogada dentro de los márgenes legales españoles. Esto no descarta que, si se diera una actuación represiva brutal que se convierta es un escándalo internacional y deje en evidencia al gobierno central, podría desembocar una crisis parlamentaria o de gobierno, pero no un reconocimiento unilateral e internacional de Catalunya. En todo caso, veremos cómo evolucionan los acontecimientos.

La represión del Estado, la exaltación del nacionalismo neofascista y el enfrentamiento identitario

Tanto el régimen monárquico bipartidista como el Partido Popular son los máximos responsables históricos de la situación de Catalunya. El primero por, entre muchas cosas, ser heredero del franquismo y solo contemplar en la constitución la “indisoluble unidad de la Nación española“, sin permitir que los diferentes pueblos que componen España puedan decidir libremente su futuro. El segundo es por representar a la derecha antiobrera y antipopular, reaccionaria y corrupta al servicio del imperialismo, las grandes empresas y fortunas. A pesar de haber intentado presentarse alguna vez como una derecha liberal, han vivido históricamente del conflicto identitario, exaltando un nacionalismo español centralista, revanchista y revisionista. Son herederos del franquismo histórico y sociológico.

Ha sido la acción irresponsable del PP, que tras quedar desenmascarado por querer utilizar el terrorismo electoralmente en los atentados del 11-M, no dudó en dinamitar el proceso de paz en el País Vasco y en promover la histeria anticatalana (boicot a los productos catalanes, recogida de firmas contra el Estatut, etc), para hacer oposición a Zapatero. Más tarde, los jueces de su ideología en el Tribunal Constitucional, agraviaban al pueblo catalán tumbando el Estatut mientras, por los mismos motivos, los permitían en el País Valenciano y Andalucía. Siempre han agitado el enfrentamiento identitario y la represión, y como ya no hay ETA en el País Vasco, ahora agitan el conflicto en Catalunya para tapar sus corrupciones, desviar el descontento social hacia sus políticas neoliberales y levantar su popularidad en España exaltando el nacionalismo centralista español más reaccionario.

La forma de actuar en Catalunya ante el 1-O del gobierno de Rajoy, de los tribunales del régimen, el enorme despliegue de la Guardia Civil (dirigida por un Tte. Coronel que se presentó voluntario para participar el 23F) y la Policía Nacional ha sido totalmente desproporcionada y, de facto, la imposición de un estado de excepción. Los ataques a la libertad de expresión, manifestación y reunión, la intervención de la autonomía catalana, los operativos en imprentas y medios, las detenciones de altos cargos del Govern, la citación judicial de más de 700 alcaldes, el intento de usurpar el local central de la CUP en Barcelona sin orden judicial, e incluso, la persecución de ciudadanos solo por poseer carteles del 1-O, más bien parecían provocaciones para caldear el ambiente e intentar que degeneraran las protestas en disturbios para justificar la represión culpabilizando a algunas fuerzas del “procés”.

La represión ha servido para avivar más la indignación popular en Catalunya y aumentar los partidarios de participar el 1-O, además de la mofa generalizada, por la forma, a veces ridícula, de llevar algunos operativos de la policía al puerto de Barcelona con barcos adornados con dibujos animados. También ha levantado en diferente medida y en los momentos de mayor tensión una importante ola de solidaridad en toda España con concentraciones en 40 ciudades españolas.

El PP y el régimen están aprovechando la situación de Catalunya para atacar otros derechos y libertades democráticas en España e implementar su agenda represiva y afianzar su deriva autoritaria. Hace unos días quisieron prohibir un acto por el derecho a decidir en Madrid, así como la asamblea de cargos públicos organizado por Unidos Podemos en Zaragoza. Ante el éxito del acto de Madrid, las concentraciones solidarias y por las libertades democráticas y las iniciativas parlamentarias por una solución política, así como el fracaso de la iniciativa de Ciudadanos (“marca blanca” del PP), para apoyar la política represiva de Rajoy y que fue rechazada hasta por el PSOE, están intentando movilizar el españolismo más rancio a través de convocatorias de organizaciones de ultraderecha, mediante la exaltación de los símbolos patrios, del nacionalismo más visceral y primario, basado en el odio y el rencor, como se ha podido ver en diferentes despedidas del despliegue policial hacia Catalunya al grito de guerra de: ¡A por ellos!

También hay sectores del independentismo que por sus concepciones chovinistas, mayoritariamente en la derecha pero también en algunos sectores de la izquierda independentista, rechazan todo lo español y señalan a quien se siente español aunque sea solidario y tenga concepciones democráticas. Las campañas de acoso y linchamiento contra algunos alcaldes, cargos y empleados públicos, intelectuales y artistas por no ligarse al 1-O o no compartir la agenda independentista solo hacen que avivar la tensión social y llevar a los sectores populares hacia el enfrentamiento identitario y la fractura social.

De cara al 1-O hay sectores del independentismo que, para internacionalizar el conflicto y aumentar su base de apoyo, quieren la foto de Guardias Civiles o Policías Nacionales entrando en el Parlament, deteniendo al President, requisando urnas o papeletas mientras reprimen brutalmente a un pueblo que se manifiesta pacífica y masivamente, mientras que el Gobierno del PP y el régimen sí que les interesa que haya algaradas y disturbios violentos para justificar la represión y movilizar a su base social, pero a nadie le interesa aparecer como el primero en iniciar una escalada violenta.

No caer en provocaciones, movilizarse de forma masiva y pacífica

Lo que pase estos días quedará marcado en las próximas generaciones durante muchos años. A quien le interese que haya violencia buscara la forma de estimularla mediante provocadores, infiltrados o también incitando a exaltados. No hay que caer en el sectarismo, independientemente de lo que se opine sobre el 1-O, los motivos independentistas o solo la defensa de la democracia, tanto sí se tiene la intención de votar o sólo de manifestarse, es muy importante que las movilizaciones que se den entorno al 1-O y también las que se puedan dar en los días y/o semanas siguientes, tengan un carácter pacífico, masivo y lo más importante, sin caer en provocaciones y defenderse mediante el apoyo mutuo.

El despliegue policial es para reprimir y, si es necesario, duramente. Tienen órdenes para que no se vote y lo intentarán impedir por todos los medios. Son momentos en los que las decisiones personales pueden cambiar o condicionar muchas cosas. Hay que mantener la cabeza fría, ya que los momentos de tensión pueden desatar explosiones de violencia donde quien tiene más que perder son los manifestantes.

La cuestión nacional y el catalanismo popular

Una reflexión pendiente y permanente en la izquierda es la actitud de los marxistas ante la cuestión nacional. Unas veces idealizando los movimientos nacionales y otras, intentando huir de la cuestión hablando de un internacionalismo en abstracto, sin banderas ni símbolos, recurriendo a que son cuestiones alejadas de la lucha y la conciencia de clase. Es preciso aclarar que junto con los intereses materiales de clase, también existen las cuestiones espirituales, ligadas a la cultura, la lengua, la historia y el sentido de pertenencia a un pueblo y territorio, a las que también hay que dar solución para que no se utilicen como arma arrojadiza.

En este sentido hay que explicar el significado histórico que tiene en Catalunya la cuestión nacional desde una perspectiva marxista: una alianza de clases frente a la oligarquía formada por la clase obrera industrial de Barcelona y otras grandes ciudades, la intelectualidad, pequeña burguesía urbana y el campesinado. La obrera e industrial sintiéndose más española por tener su origen inmigrante y mestizo y las otras más catalanistas por ser la base del idioma y la cultura. Todas unidas por ser estar interesadas en acabar con la opresión de la oligarquía española y catalana. Ese es el sentido histórico del “catalanismo popular” que definía la pertenencia al pueblo con el “és català qui viu i treballa a Catalunya” y que reflejaba un tipo de sentimiento nacional abierto y solidario con el resto de pueblos de España. Ese es el patrimonio del PSUC, que ha marcado a muchas generaciones del pueblo catalán, al reivindicar, a la vez, su carácter social y nacional.

Por la unidad del movimiento obrero y sindical

Durante mucho tiempo la izquierda independentista y los actores del “procés”, salvo contadas excepciones como el diputado republicano Joan Tardà y otros dirigentes de la CUP, no han contado con la izquierda no independentista y la del conjunto de España. Más bien la han visto como rival e incluso como enemiga, a la que han intentado fragmentar para ganar adeptos para su proyecto utilizando, el ego de determinados “dirigentes” de CSQEP, como se vio en los dos últimos plenos del Parlament a principios de septiembre.

Solo se ha buscado el apoyo real cuando ha venido la ola represiva del Estado y debido a la acción de la izquierda en el parlamento español (haciendo fracasar la propuesta de apoyo de C’s al PP que sirvió para deslegitimar al Gobierno), con la asamblea de cargos públicos para buscar una solución política y un referéndum pactado, o en las concentraciones y actos solidarios con el pueblo catalán y por las libertades democráticas en más de cuarenta ciudades españolas.

A partir del día 3 de octubre los sindicatos CGT, IAC y otros muy minoritarios han convocado una huelga general por el 1-O. Una huelga que CCOO y UGT no han convocado porque hoy no se dan las condiciones, aunque sí para una gran movilización en la que se está trabajando con otros movimientos sociales. En el movimiento sindical hay sectores independentistas pero son minoritarios, en la base social, aunque tienen diferente paso en los aparatos.

La tradición del catalanismo popular del PSUC y las CCOO es muy larga en Catalunya. Durante muchos años se ha intentado romper la unidad de la clase obrera catalana sobre bases identitarias, como ha ocurrido en el País Vasco y en Galicia y también durante la transición, donde el régimen potenció la legalización de diferentes centrales sindicales para fragmentar el movimiento obrero y sindical representado entonces por CCOO. Desde las diferentes corrientes independentistas se han potenciado sindicatos inspirados en ELA o LAB, pero, de momento, no han cuajado entre la clase obrera, que se ve más representada por el sindicalismo nacional y de clase.

Entre la clase obrera industrial del área metropolitana el “procés” y el 1-O no son muy populares, hay una mezcla de tensión, temor e incertidumbre sobre lo que pueda pasar. Las únicas excepciones importantes entre los/as trabajadores/as han sido los estibadores, que se niegan a atender a “los barcos de la represión” y los bomberos, que intentaran se pondrán de cordón de seguridad para que se vote. El carácter de las protestas a día de hoy está caracterizado por sectores de la pequeño burguesía, estudiantes, campesinos y algunos trabajadores/as del sector servicios y empleados públicos

Las actuales condiciones podrían cambiar si el Gobierno hace un operativo brutal o pase algo que desate la indignación popular. Habrá que estar atentos a los acontecimientos porque la situación es muy volátil y cambiante. El independentismo y los sectores opuestos a la represión y por la democracia se movilizan sin caer en provocaciones y, con acierto, orientan a la movilización pacífica y masiva como mejor forma de respuesta.

La izquierda por la ruptura, la república, la democracia y soberanía popular

La izquierda española, y en primer lugar los comunistas, deben salir del letargo y la actitud contemplativa, tener iniciativa política y apostar por la movilización solidaria, aunque sea difícil en un contexto de tensión y polarización chovinista. Hay que actuar de forma decidida, valiente y superar el complejo de inferioridad que parece se ha instalado en las fuerzas de izquierdas y marxistas españolas durante mucho tiempo, que las lleva a dejarse impresionar fácilmente por los diferentes movimientos populares, obreros o electorales que van surgiendo, con actitudes de idealización o aversión, sentimientos de admiración o rechazo que expresan la frustración por no haberlos organizado u protagonizado.

La mayor contribución que puede hacer la izquierda española, tanto en Catalunya como en España, más que caer en debates sobre sí apoya el 1-O o no, si se vota sí o no, se vota o no se vota, es movilizarse en toda España en solidaridad con el pueblo de Catalunya, por la república, contra la represión, por la autodeterminación y las libertades democráticas. Es importante también que las fuerzas que defienden las libertades democráticas, sean o no independentistas, hagan frente común frente a la represión, contra la salida autoritaria del régimen y por una solución política. Porque defender las libertades democráticas de todos/as (expresión, reunión, manifestación, etc) no quiere decir ser independentista. Tampoco lo es defender a las instituciones catalanas frente a la deriva autoritaria y represiva del PP. Prohibir un acto por defender una posición política no es un buen precedente para la libertad de expresión, hay que ser solidarios porque mañana pueden prohibir un acto a favor de huelguistas, izquierdistas, internacionalistas.

Es necesario ir construyendo unidad popular desde abajo, para que no se enquiste el rencor y la fractura social, que desde Catalunya se vea otra España posible y promover un sentimiento de fraternidad ante el enfrentamiento que nos quieren imponer. Hay que visualizar la movilización de la izquierda española, si no, poco tiene que ofrecer a muchos catalanes que caen en el independentismo porque no ven movimientos en España, porque el independentismo se afirma entre los sectores de izquierdas de Catalunya ante la ausencia de movilización obrera y popular, o que la izquierda española ha apartado el discurso republicano y rupturista, lo que está siendo explotado por el independentismo ya que es el único que ofrece explícitamente la república, cosa que lo hace un proyecto más atractivo y concreto.

Una reflexión pendiente de la izquierda española (Unidos Podemos y otras fuerzas), es que, se ha quedado a la defensiva al no tener un proyecto concreto que ofrecer, al dejar de lado la reivindicación republicana, con todo su potencial movilizador y democrático, y como único proyecto histórico, integrador y alternativo que puede disputar la hegemonía al régimen monárquico, atrayendo a sectores de la izquierda nacionalista catalana, gallega y vasca, además de a la clase obrera y los sectores populares del resto de España.

La monarquía española, que representa la alianza entre la oligarquía financiera y terrateniente, la aristocracia bajo el dominio de EEUU y la UE,  jamás ha podido resolver la cuestión nacional de una forma democrática en España. Para encontrar una solución a la cuestión nacional catalana, hay que romper con las cadenas del imperialismo, defendiendo la democracia y la soberanía popular. Y ello significa la ruptura con el régimen, uniendo a todas las fuerzas populares y democráticas por la república.

Una iniciativa interesante es potenciar encuentros desde las fuerzas obreras, sindicales y populares, del ámbito institucional y el municipalismo progresista para empezar a elaborar esa alternativa concreta de país. La asamblea de cargos públicos propuesta por UP, pero ampliada a otras fuerzas sociales, sindicales o republicanas, podría ser un punto de inicio. No sólo para actuar como reacción defensiva a la situación en Catalunya, sino como propuesta de futuro para pasar a la ofensiva.


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