La Cultura como fuerza productiva y servicio público

Rafael Plá López

Karl Marx avanzó en los “Grundrisse” que “el desarrollo de la ciencia, esa riqueza a la vez ideal y práctica, no es más que un aspecto y una forma del desarrollo de las fuerzas productivas humanas, es decir, de la riqueza “(1). Y el equipo dirigido por Radovan Richta va analizar cómo, en el marco de la revolución científico-técnica, la ciencia se convierte en fuerza productiva directa (2).

Ahora bien, lo que caracteriza precisamente a la revolución científico-técnica es la relevancia de la investigación científica y la inmediatez de su aplicación tecnológica y para el desarrollo económico. Y una consecuencia de ello es que, como señaló también Radovan Richta, “En el punto más alto del desarrollo tecnológico, el trabajo humano se transforma en una actividad creativa “(3).

Pues la creatividad, efectivamente, es un componente indispensable de la I nvestigación científica, y también del D esarrollo tecnológico y de la y nnovación en el trabajo, que forman la triada del I + D + i que fundamentan un desarrollo económico cualitativo, el cual es, además, la única forma sostenible de desarrollo, orientado no al crecimiento cuantitativo en el número de productos y el consumo de recursos naturales, sino a la mejora de la calidad de productos y servicios.

Es así como la Declaración de Lovaina del Proceso de Bolonia (4) plantea que “Nuestras sociedades enfrentan actualmente a las consecuencias de una crisis financiera y económica global. Con el fin de conseguir una recuperación y un desarrollo económico sostenibles, una educación superior europea dinámica y flexible debe aspirar a la innovación basada en la integración entre la educación y la investigación a todos los niveles (..) con el consiguiente fomento de la innovación y la creatividad en la sociedad “. Y en este marco, posteriormente la Declaración de Bucarest (5) plantea la necesidad de impulsar el pensamiento crítico, el cual es efectivamente imprescindible para el fomento de la creatividad.

Ahora bien, en el impulso del pensamiento crítico y la creatividad juegan un papel importante la formación humanística y artística. Como dijo la Declaración de IU ante el Proceso de Bolonia (6), “Abogamos por una educación superior que desarrolle la capacidad crítica. Para ello es imprescindible la formación humanística, junto a la científica y tecnológica, para que los futuros científicos y tecnólogos no se limitan a la adquisición de los contenidos conceptuales de sus disciplinas sino que puedan también conocer su metodología “. Y en particular la formación artística y el disfrute del arte en todas sus vertientes, en tanto que fomente nuevas maneras de ver, escuchar y sentir el mundo, es un poderoso instrumento para el fomento de la creatividad.

Por todo ello, no sólo la ciencia y la tecnología, sino el conjunto de la cultura, se convierte fuerza productiva directa. Por eso la cultura, sin dejar de formar parte de la superestructura, pasa a formar parte también de la infraestructura económica de la sociedad.

Naturalmente, esto no puede predicarse de toda forma de cultura. Aquellas manifestaciones culturales que no impulsan nuevas visiones del mundo sino que por el contrario se limitan a reproducir y consolidar las concepciones tradicionales del mismo, incluyendo sus estructuras de poder, no contribuyen al desarrollo de las fuerzas productivas sino que únicamente forman parte de la superestructura orientada a la reproducción de las fuerzas dominantes. Por ello se puede decir, con más precisión, que lo que forma parte de las fuerzas productivas es la Nueva Cultura, entendida ésta, sin embargo, no de forma  restrictiva sino como toda manifestación cultural que sea un vehículo de creatividad. Así, incluso puede haber manifestaciones culturales que en su contenido transmiten la ideología dominante pero en las sus formas juegan un papel rompedor.

Por otra parte, hay que subrayar que la cultura y la comunicación juegan hoy un papel estratégico, en la medida que de ellas depende el conjunto de un desarrollo económico sostenible. Por ello, la cultura debe tener una consideración de servicio público y se debe considerar una responsabilidad pública, que ha ser asumida por los poderes públicos, como por cierto apunta también la Declaración de Lovaina.

Pero para entender las implicaciones profundas del carácter público de la cultura hay que analizar las características específicas de la economía cultural. Pues si es patente que la Cultura es un sector muy relevante de la economía, como muestra claramente el peso económico e incluso monetario de la industria de la cultura y de la comunicación, lo cierto es que tiene unas características muy diferenciadas, especialmente agudizadas en la era de Internet y de la digitalización.

En efecto, una característica esencial de los productos culturales, especialmente en cuanto a su contenido formal (por contraposición a su composición material) es su reproducibilidad. con el añadido además de que, con su digitalización, el tiempo de trabajo necesario para su reproducción es ínfimo y no tiene proporción con el tiempo de trabajo necesario para su producción inicial. Marx vislumbró esta situación cuando escribió en los “Grundrisse” que “A partir del momento en que el trabajo, bajo su forma inmediata, ha dejado de ser la fuente principal de la riqueza, el tiempo de trabajo deja y debe dejar de ser su medida, y el valor de cambio deja pues también ser la medida del valor de uso “(7). Pero la consecuencia práctica es la imposibilidad económica de evitar el “pirateo” de los productos informáticos o digitalizados.

Los capitalistas de la cultura intentan contrarrestarlo a través de la defensa de la llamada “propiedad intelectual”. Pero, como dice Richard Stallman, “La expresión« propiedad intelectual » conlleva una asunción oculta: que la forma más normal de pensar respecto a todas estas cuestiones dispares es análoga a pensar en objetos físicos y en nuestras ideas de propiedad física.

Respecto a la copia, esta analogía descuida la diferencia crucial entre objetos materiales y información: la información puede copiarse y compartirse casi sin esfuerzo, mientras que los objetos materiales no. (…) la expresión «propiedad intelectual» (…) lleva a la gente a centrarse en un solo y pobre aspecto común a estas leyes dispares (que es que se establecen monopolios que pueden comprarse y venderse) y hace que ignoren su esencia, todas las restricciones que imponen al público y las consecuencias que provocan. (…) Así, cualquier opinión sobre «propiedad intelectual» será casi seguramente una estupidez “(8).

Hay que subrayar que la libre circulación de los productos culturales, por encima de las restricciones que se pretenden imponer en nombre de la “propiedad intelectual”, es una ley objetiva de la economía, no un simple desiderátum político. Y es una paradoja que el mercado capitalista, que se pretende defender en nombre de supuestas leyes objetivas de la economía, con respecto a la cultura esta ley juega en su contra: se podría decir que encuentra el zapato de su pie.

Esto refuerza la necesidad de tratar a la Cultura como un Servicio Público, garantizando a todos su libre acceso a la misma. Lo que no implica la inexistencia de un mercado de productos culturales: pero lo que se puede comprar y vender es el soporte material de los productos culturales, sean estos libros, CDs, DVDs o cuadros. Pero no se puede ni se debe intentar impedir la libre distribución de textos, música, películas o imágenes.

Esto supone una perspectiva en la que los trabajadores de la cultura sean principalmente trabajadores públicos o voluntarios, o una combinación de los mismos, como el caso de los trabajadores de la enseñanza que cobran un salario por su labor docente, y pueden utilizar su tiempo libre para  la producción libre de cultura, siendo conscientes de que aunque esta les pueda dar también rendimientos económicos, su éxito generará la libre distribución de sus productos.

Y el tiempo libre, vinculado a un trabajo libre, incluye también lo que se puede realizar después de la jubilación, como es el caso de mi novela de ciencia ficción que se puede descargar libremente y por la que se puede contribuir voluntariamente (9).

(1) Karl Marx, “Los Fundamentos de la Crítica de la Economía Política”, tomo 2,
ed.Comunicación, Madrid, 1972, página 30; redactado en 1857-1858 y publicado inicialmente en Moscú en 1939-41

(2) Radovan Richta, “La Civilización en la Encrucijada”, ed.Artiach, Madrid, 1972

(3) Radovan Richta, “Progreso Técnico y Democracia”, ed.Alberto Corazón, página 28

(4) El Espacio Europeo de Educación Superior en la nueva década. Comunicado de la
Conferencia de Ministros europeos responsables de educación superior, Lovaina / Louvain-la- Neuve, 28-29 de abril de 2009, en https://www.udc.es/export/sites/udc/eees/_galeria_down/presentacion/comunicado_lovainai/lovaina e.pdf
(5) Making the Most of Our Potential: Consolidating the European Higher Education Area, Bucarest Communiqué, 2012, en
http://www.ehea.info/Uploads/%281%29/Bucharest%20Communique%202012%281%29.pdf

(6) Declaración “IU frente al Proceso de Bolonia” de la Presidencia Federal de Izquierda Unida, 4
de abril de 2009, en http://www.uv.es/pla/IU/univbolo.htm

(7) Karl Marx, ibid, página 202

(8) Richard M. Stallman, “Software libre para una sociedad libre”, ed.Traficantes de sueños,
Madrid, 2004, páginas 276-277

(9) Rafael Pla López, “Captura (saga de la Tierra errante)”, en
http://alteritat.net/tierraerrante/captura.htm

Nueva Cultura

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