JESSICA BELDA: “Las falangistas que representamos dictaminaron cómo tenía que vivir el 50% de la población”

JESSICA BELDA: “Las falangistas que representamos dictaminaron cómo tenía que vivir el 50% de la población”

Jessica Belda, actriz, maestra, guionista, documentalista teatral y una de las encargadas de  la programación cooperativa cultural Teatro del Barrio. Daniel López, nuestro redactor más teatral. Hablan de una obra co-escrita y co-protagonizada por Belda: La Sección, una de las últimas producciones en las que participa esta iniciativa cultural en su apuesta por un teatro civil, documental, que sigue de cerca lo más problemático y lo más turbio de nuestro pasado: aquello que más presente hemos de tener si pretendemos avanzar como pueblo. Dirigida por Carla Chillida; La Sección  nace de la colaboración entre Teatro del Barrio y nuestros queridos valencianos,  AtiroHecho. (Fotografías por Hèctor Collado)

 

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El objetivo de la Sección Femenina, una rama de Falange Española y posteriormente de FET de las JONS, era controlar a las mujeres para convertirlas en «mejores esposas, buenas patriotas, buenas cristianas y buenas madres». La Sección es la puesta en escena de la biografía de las tres mujeres más importante de la dictadura franquista: Pilar Primo de Rivera (hermana de José Antonio), Carmen Polo (la mujer de Franco) y Mercedes Sanz-Bachiller (casada con Onésimo Redondo y fundadora del Auxilio Social, otra institución benéfica de la dictadura). Precisamente porque no deberíamos presentar a estas mujeres como «hermana de tal» o «mujer de cual», se ha hecho materia esta creación, estrenada en el Teatro del Barrio de Madrid el 26 de enero y el 24 de marzo en Teatre el Musical (el Cabanyal, València). Arranca con el discurso inaugural de Falange para llegar hasta la muerte de Franco, pasando antes por la guerra civil y la dictadura. Arriesgada desde su arranque por su peculiar enfoque, pero indudablemente bien llevada a cabo con planteamientos estéticos y dramatúrgicos poderosos, La Sección se trata de una buena forma de descubrir qué pasaba con las mujeres en el Franquismo al aproximar la mirada del espectador al órgano que más poder tenía sobre ellas.

TEATRO, IDEOLOGÍA

“Estas personas que representamos se insultaban entre ellas llamándose «feminista»”

D.L.: En Belgrado. Canta lengua el misterio del cuerpo glorioso, de Angélica Liddell, Agnes exclama que está acorralada por lo literal, que si escribe acerca de la fosa de Kamenica, solamente puede escribir un texto así: «Exhumados los restos de mil y pico víctimas de la matanza de Srebrenica en la mayor fosa común de Bosnia». Que no se puede escribir de otra forma porque el dolor es el informe puro, y la única representación del dolor es el informe puro. Más tarde concluye reflexionando que «Hace falta recuperar la intimidad contra la fosa común, hace falta “representar la angustia privada en un escenario público”». Esto nos recuerda a la inclusión, en La Sección, del discurso propagandístico falangista puro, que queda aislado para, posteriormente, reproducirse en boca de actrices del siglo XXI.

J.B.: Hay varios temas de los que es difícil hablar si no se ha tomado cierta perspectiva temporal. En eso estoy de acuerdo, porque no existe la manera de tratarlos con dignidad y respecto que no sea meramente informativa. Por ejemplo, para poder hacer comedia de algo tiene que haber pasado tiempo: en La Sección hay partes comedia pero hay otros temas, como los niños robados o el Manual de la buena esposa, que están tan presentes que no hay manera de tratarlos si no es desde la verdad, lo más honestamente posible. En estos casos, crear una ficción sobre ello no es posible si queremos ser respetuosas.

D. L.:  Pese a ese gran poder estético y, finalmente, antidoctrinal al chocar con nuestra “democracia” actual, ¿cómo se lleva lo de gritar consignas fascistas y gestualizar como tal? Si tenemos presentes  las elecciones estadounidenses y francesas y, sin olvidar el caso español, ¿no crees que existe cierto peligro de que ese mensaje machista y fascista cale en ciertas personas y sientan simpatía, si no devoción, por tales ideas?

J.B. : Creo que lo normal es que se entienda el mensaje que estamos dando. Sí que es cierto que una compañera trajo a su hija de unos diez años a la representación y salió diciendo «¡Qué guay, mamá, yo quiero ser falangista!». Fue terrible, la niña veía que bailábamos, poníamos música… que éramos súper guays. Pero está bastante clara nuestra perspectiva. Claro que existen contradicciones: estas personas que representamos se insultaban entre ellas llamándose «feminista», pero lucharon para que las mujeres tuvieran un espacio de poder, aunque fuera para servir a la dictadura, adoctrinadas. Es un mensaje muy contradictorio, pero todo en esta obra lo es por el propio discurso que usamos. José Antonio, por ejemplo, utilizaba el lenguaje de un modo concreto, para darle la vuelta luego a sus palabras: manipulaba el discurso, era muy inteligente y contradictorio, pero la misma historia lo es.

“Conocer perfectamente nuestro pasado para saber de dónde vienen nuestras carencias”

D.L.:  Representar símbolos fascistas desde una ideología completamente contraria también genera problemáticas. ¿Crees que realmente vale la pena poner en escena la vida de mujeres franquistas exclusivamente por su género y su importancia en la historia o, por otro lado, que esto hace un flaco favor a la causa antifascista?

J.B.: Creo que no hace un flaco favor a la causa antifascista, al contrario, ayuda a entender contra qué se tiene que luchar. Esta pregunta no se me haría si hubiese creado una obra donde el protagonista fuera José Antonio o Franco, eso demuestra lo normalizadas que tenemos ciertas cosas. Mi primer impulso sí fue crear una obra de ideología afín a la mía, es lógico, pero cuando estudié quiénes habían influido más en la vida de las mujeres me di cuenta de que fueron ellas, y por ello se tiene que conocer todo lo malo que hicieron. Lo que pretendemos es, en esta trilogía dramática que queremos crear, conocer perfectamente nuestro pasado para saber de dónde vienen nuestras carencias y nuestras lacras. Y una vez esto, poder hablar del pasado, desde el presente, con una visión de futuro.

“Es lo que hasta ahora nos ha supuesto una lacra”

D.L.: Está claro que no hay que ser dogmáticos ni mirar para otro lado, pero puede que sea normal ser reacios a investigar ciertos temas: no nos imaginamos, por ejemplo, a Pío Moa tratando algunos logros importantes del bando republicano. Así pues, ¿por qué no hablar, mejor, de las mujeres olvidadas en la II República española?

J.B. : Claro que hay que hablar de las mujeres republicanas, pero también había algo que me interesaba mucho: incluso la historia es contada parcialmente por el bando de los vencedores, y en esa historia contada parcialmente se ocultaba a las mujeres, aunque afectaran y tuvieran poder sobre el 50% de la población. Las falangistas que representamos dictaminaron cómo tenía que vivir el 50% de la población, y es lo que hasta ahora nos ha supuesto una lacra y nos está arrastrando a una situación con bastante retraso frente a otros países.

SOBRE CÓMO SE CONSTRUYE LA SECCIÓN

“Una labor estética brutal, y ese ha sido el resultado”

D.L.: La creación de obras teatrales actuales dista mucho de las antiguas o clásicas, en las que se partía del texto. Si bien con Lope de Rueda, con el Lorca más tradicional o con Calderón se repite hasta la saciedad que el teatro es literatura porque hay un patrimonio material sobre el que nos podemos apoyar, las propuestas escénicas de las últimas décadas (y esto incluye tanto happenings o performances como obras teatrales, aunque a veces sea difícil marcar la línea que las divide) cuentan, a nuestro entender, con un proceso de creación diferente. Desde tu experiencia, ¿cómo se ha llevado a cabo la composición de La Sección?

J.B.: Nosotras sí que partimos de un texto que escribimos Ruth Sánchez y yo. La Sección es un texto cerrado y a partir de ahí Carla Chillida planteó sus posicionamientos, una labor estética brutal, y ese ha sido el resultado, pero partimos del texto. No es mi manera de trabajar, normalmente prefiero la creación colectiva, pero en esta ocasión, dadas las circunstancias, sí que se ha partido de un texto cerrado, aunque también es cierto que el mismo ha sido revisado constantemente y está en continuo cambio.

CULTURA DE BARRIO FRENTE A LA INDUSTRIA CULTURAL

“Esta nueva forma implica un nuevo contenido que va en consonancia”

D.L.: ¿Hace falta un Teatro del Barrio en cada ciudad, en cada espacio de la posmodernidad? El vuestro es un proyecto cooperativo plenamente político pero apartidista que nace, como comentáis, del hambre de realidad. Para hacer política empleáis la cultura y la fiesta: teatro, música, poesía, baile, talleres de formación artística y la Universidad del Barrio, todo ello sin un fin lucrativo.

J.B.: El Teatro del Barrio es una cooperativa de consumo cultural. Creo que cada vez, no solo en cuanto al contenido sino en cuanto a las formas está cambiando la manera de organizarse. Eso quizá es de las cosas más interesantes que han surgido a partir del 15M: nuevas formas de gestionar los espacios. Somos entre 400 y 450 socios que funcionamos por comisiones y decidimos qué queremos ver. Hay toda una organización muy compleja dentro del Teatro que vamos perfeccionando poco a poco. Es un movimiento asambleario que decide de forma conjunta, y se va reinventando constantemente. En ese sentido, esta nueva forma implica un nuevo contenido que va en consonancia.

“Eso es lo que nos diferencia, ser reales. Darle ese poder a la gente y no subestimarla”

D.L.: Pese a vuestros reducidos precios no escatimáis en calidad y representáis, por ejemplo, la última obra de Juan Mayorga, Famélica, o Mi relación con la comida de Angélica Liddell, y contáis con artistas tan importantes como Willy Toledo o Ignatius Farray. En València contamos con lugares similares. Entre otros están el Espacio Inestable o el Centre Social Okupat i Anarquista l’Horta, en el que actuaron Títeres desde abajo y ATiroHecho. Al otro lado de la realidad, los grandes teatros principales de cada ciudad se siguen llenando, semana tras semana, con cartelera basura o espectáculos similares a los que encontramos en televisión ¿Crees que el teatro alternativo o independiente tiene alguna posibilidad para con el pueblo frente a los bombardeos sistemáticos de la cultura de masas y su propaganda?

J.B.: Creo que siempre es una alternativa a la cultura de masas pero porque le da opción a la gente de implicarse, de poder decidir. No es un producto que ha elegido otra persona, es la propia gente lo que decide qué quiere ver y qué le parece interesante. Tenemos una comisión de programación, una subcomisión de actividades, una subcomisión de música y danza, una subcomisión de teatro… En ese sentido, creo que es una alternativa por el poder de decisión que se da a la gente. Es muy bonito de ver porque observamos que al público le va interesando cada vez más la cultura, va compartiendo, se equivoca y aprende… Eso es lo que nos diferencia, ser reales, darle ese poder a la gente y no subestimarla.

“Que saque sus propias conclusiones, no se le da la información ya digerida”

D.L.: Las propuestas escénicas actuales más arriesgadas y antisistema desde la izquierda no son apartidistas ni completamente cerradas ideológicamente… Unamuno decía que la misión de su obra era «quebrantar la fe de unos y de otros y de los terceros, la fe en la afirmación, la fe en la negación y la fe en la abstención; hacer que vivan todos inquietos y anhelantes». Al igual que ocurre con otros sectores culturales de izquierda, en el teatro nos encontramos ante unas obras que denuncian abiertamente el sistema neoliberal en el que nos encontramos, pero sin dejar de lado las contradicciones o banalidades del ala más progresista (como el inmovilismo ocasional, la indecisión debida a la horizontalidad…). Se nos ocurren, v. gr., Ladran, luego cabalgamos, de ATiroHecho o Martingala, de LaSubTerránea, en las que no observamos un mensaje plenamente panfletario, porque contempla también los errores de la izquierda. ¿Lo que hace verdaderamente fuerte y digno a este tipo de teatro es su lejanía del dogmatismo y adoctrinamiento de algunos de los viejos pensamientos de izquierda?

J.B.: Lo que hace fuerte a este teatro es que plantea preguntas, y las preguntas crean la duda, y en la duda no puede haber dogmatismo. Lo interesante, y es un rasgo que me gusta señalar, es que nuestro teatro interpela al espectador para que saque sus propias conclusiones, no se le da la información ya digerida. Eso es lo que nos hace fuertes frente a otro tipo de ofertas de masas.

 Daniel López Ruiz

 

Nueva Cultura

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