“Jaquear” la vía pública

“Jaquear” la vía pública

Hèctor Collado Sancho

jaque. Del ár. clás. šāh, y este del pelvi šāh ‘rey’.

(…) 2. m. Ataque, amenaza, acción que perturba o inquieta a alguien, o le impide realizar sus propósitos. Dar jaque. Poner, tener, traer en jaque.

Hackear aún no figura en el diccionario, pero no deja de ser algo muy parecido: hacer uso de una técnica de infiltración, hostigar y evidenciar la inminencia de la caída del enemigo. Cobrar sus fallos, sus irresolubles paradojas, hacer sangre de sus brechas, vulnerar sus defensas.

Así entendemos el trabajo de Víctor Jaque. El de un artista urbano chileno al que tuvimos el gusto de conocer el pasado mes de septiembre, en su paso por la galería de Espacio Inestable, recién llegado de exponer por primera vez en Madrid. De entre todo lo que nos envió para esta publicación –su generosidad, que vaya por delante–, remitimos una selección de aquellas obras que más casan con el bloque temático que nos ocupa en NC por estas fechas: la puesta en práctica de un antagonismo transformador, arraigado en la cultura popular como arma crítica y soberana, útil y decisiva a la hora de construir pueblo.

Hay algunos rasgos fundamentales en la forma de trabajar de Víctor que nos gustaría poner de relieve. En primer lugar, estamos ante un creador que se gana la vida diseñando y que hace de la noche su lugar de trabajo intentando que las paredes de la ciudad de Santiago de Chile transmitan mucho más que los mensajes publicitarios sufragados por multinacionales. En este sentido, como artista urbano, su lugar de trabajo es también su campo de batalla, y a través de la noche hace de la publicidad un medio a disputar. Entendemos así sus proyecciones artísticas como un intento de hacer valer lo público al margen de la propaganda comercial.

Sus creaciones habitan la ciudad como afiches efímeros, muchas veces respetados e interpretados por el pulso vivo y el bullicio del área metropolitana. Al margen de que Jaque exponga en una galería –incluso en una galería digital como la nuestra–, esto no elimina lo fundamental de su gesto artístico: el lugar del que emergen sus mensajes es el medio urbano; estos mensajes pertenecerán a la calle porque aún en una galería, se comportan de forma callejera. Se hacen con imágenes que vemos en la calle, o bien se comportan con una rebeldía inteligente que contrasta con el aura de un museo.

Si en la ciudad somos interpelados por una multitud de mensajes cruzados que reclaman nuestra atención, Jaque construye sus propuestas como retruécanos urbanos en los que el humor convive con la puesta en evidencia de la violencia y el adocenamiento del capitalismo. Cada uno de los carteles que aquí vemos encierra un contrasentido que no es gratuito ni accidental: la inteligencia sale al paso para desmontar el uso visual de una publicidad entendida como la contaminación del espacio público.

Pareciera que Jaque diseña por ordenador, pero no es así. Detrás de cada una de las imágenes que vemos hay todo un recorrido de ensayo y error del que han resultado una infinidad de plantillas fallidas y pasos en falso. Son diversas y variadas, no tratan de dar renombre a una firma individual, sino señalar una alternativa urbana a la transmisión mercantilista del valor estético.

A través de la burla y de la parodia podemos llegar a mezclar materiales serios, que parecen intocables. Los tocamos y los ponemos en otro lugar: ese lugar, a veces no tan imaginario está justo enfrente de los ojos de los que no nos dejaban tocar nada: en la calle.  En la poco homogénea producción de Víctor, vemos un diálogo burlesco con referentes institucionales y con los lugares comunes de la historia del arte. A él le sirven para captar a su público anónimo y descentrado, para regalarle al presente lo difícil que es contemplar algo pasivamente.

 

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Nueva Cultura

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Comment ( 1 )
  1. hrl
    mayo 26, 2017 at 9:57 pm
    Reply

    Grande Jaque!

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