El sentido popular y revolucionario de las Fallas, 80 años después

El sentido popular y revolucionario de las Fallas, 80 años después

En este mismo mes, pero hace 81 años, Valencia se disponía a celebrar las fallas bajo el asedio de los bombardeos fascistas.  En la breve capital de la República, la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura impulsó la idea de dotar a las fallas de 1937 de un contenido antifascista y republicano. Josep Renau, en el manifiesto “Sentido popular y revolucionario de las fallas”, publicado en el número de marzo de 1937 de Nueva Cultura, reconoce el carácter subversivo y caricaturesco que estas tuvieron desde su origen. Ya entonces, se refiere a la desnaturalización y la decadencia de la fiesta, promocionada como atractivo turístico y por lo tanto convertida en una mercancía más. La crítica social que contenían entonces los monumentos se veía distorsionada: Renau habla de cómo este elemento crítico desaparece por completo en los barrios burgueses, donde se plantan las fallas más grandes -las que tienen más presupuesto, las que suelen ganar premios- y se convierte en una exageración grotesca en los barrios obreros.

 

Falla Na Jordana de 2016

 

En cualquier caso, la capacidad de abordar un contenido social a través del realismo crítico o burlesco, no parecía del todo perdida hacia 1937. Renau era optimista en este sentido:

La potencia funcional de las fallas (…) es de primer orden en la lucha revolucionaria de estos tiempos. Mayormente eficaz que cualquier otro medio de propaganda gráfica, porque habla a un pueblo con lengua de su propio temperamento, con palabras plásticas de regusto familiar, de tradición auténtica, cargadas de razón…
Por eso ahora, precisamente ahora y no más tarde, en la coyuntura trágica de estos momentos en que España lucha con más razón que nunca en defensa de sus destinos, amenazados por los eternos salteadores de nuestra historia, el pueblo valenciano debe movilizar sus mejores potencias, sus más eficaces armas de lucha para ayudar a la realización de la victoria antifascista.

Todavía hoy podemos ver el potencial de las fallas -y de cualquier otro producto artístico- como arma eficaz para la transformación social. La situación que denunciaba Renau es ahora mucho más grave que entonces: actualmente las fallas están secuestradas y sirven únicamente para producir beneficio económico. La fiesta del pueblo valenciano es organizada y dirigida hoy por los sectores más reaccionarios de la sociedad, conscientes del enorme poder propagandístico e identitario que poseen. Tenemos la obligación de reivindicarlas como nuestras para así recuperar su sentido popular y revolucionario.

 

Vito Martínez

Nueva Cultura

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