EDITORIAL: Mayo de 2017

EDITORIAL: Mayo de 2017

“Una observación atenta y objetiva del mapa nacional de hoy, servirá, antes que nada, para justificar nuestra sed de gritar más fuerte, precisamente, cuando más ensombrecida está nuestra voz por los ecos medievales de la anticultura”. (NC, I: 1, enero 1935).

Cada 2 de mayo, representantes políticos de lo más rancio del Estado español recuerdan con ofrendas florales, recepciones y desfiles a los “héroes del 2 de mayo” de 1808 que “dieron su vida por España”. Se conmemora así el día en que comenzó el levantamiento popular contra los ejércitos imperialistas de Napoleón, y aquellos que a lo largo de los siglos han mantenido sus privilegiosen nuestro país a costa de la sangre y el sufrimiento del pueblo español, se regocijan del día en que volvieron a adueñarse de los frutos de un pueblo que luchaba mientras el decrépito Estado se deshacía vergonzosamente en Bayona.

Goya, que en  “Los fusilamientos del 3 de Mayo” rememora aquellos días, había declarado  antes de comenzar su obra:  “siento ardientes deseos de perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa”. El pintor aragonés  reflejó como pocos durante su vida el divorcio entre el Estado y el pueblo español a lo largo de la historia. O dicho en palabras del periodista estadounidense John Dos Passos (1896-1970): “Desde la famosa entrada de Fernando e Isabel en Granada, tan cacareada, la historia de España ha sido un esfuerzo continuo para encajar un taco cuadrado en un agujero redondo”.

Este divorcio entre el pueblo español y el Estado lo describió también Josep Renau en un extraordinario artículo escrito en Nuestra Bandera en 1938 – casi inédito y que hoy recuperamos – cuando referenciándose en el propio Goya (al que llama camarada) nos recuerda como a lo largo de la historia de España suele pasar que “toda la fuerza, toda la influencia conquistada (por el pueblo) a costa de tantos sacrificios y heroismos, pasan a manos de demagogos, que aparecen como representantes de movimientos populares en tiempos anteriores”, y recuerda como “el espléndido movimiento popular de la sociedad española, que en los primeros años del siglo XIX la condujo a un triunfo genial, se frustra cuando los elementos antipopulares, continuadores encubiertos de la tradición cesarista, se adhieren a la causa de la independencia para reorganizar el régimen borbónico, bajo el mando de las viejas castas feudales”. 

Ese divorcio histórico, que se escenifica también cada 2 de mayo, queremos ponerlo hoy de manifiesto, y lo hacemos con un grito que clama por nuestra independencia, con el que señalamos y desafiamos a quienes a lo largo de los siglos han pretendido cubrir de un manto de oscuridad, desmemoria e incultura a nuestro pueblo. Un grito por una NUEVA CULTURA.

Un grito que lanzaron también quienes hace 82 años, 5 meses y 1 día redactaron el primer editorial de NUEVA CULTURA (uno de los pocos que Renau se encargó de redactar).  Quienes lo leyeron durante esa prefiguración del hedor franquista que fue el bienio negro entendieron después cuánta razón había detrás de una frase de apariencia taxativa: “la espada y el crucifijo proyectaron un fatalismo mortal sobra la historia de nuestra cultura.”  Fue la primera frase de NUEVA CULTURA y fue también visionaria para quien tenga en la cabeza los afiches propagandísticos de algo llamado “cruzada nacional”.

La mayoría de editoriales fueron cuidadas y preparadas por Ángel Gaos, quien ejerció de documentalista y, a la vez, fue el cerebro de muchas de las iniciativas de la revista. Él tenía una faceta de “ardiente polemista y agitador político” y era capaz de combinarla con una “paciencia franciscana”, como diría Renau en 1977. Como la práctica totalidad del núcleo de la Unión de Artistas y Escritores Proletarios, era marxista; pero también fue cristiano. Su “anonimato crónico” es compartido por figuras como Antonio Deltoro o Francisco Carreño: Ellos participaban en las tertulias del Polp en las que se gestaron los primeros números de NUEVA CULTURA. Eran frecuentadas también por obreros, en su mayor parte anarquistas: tomaban un tranvía especial de vuelta a casa fumando, cantando y tocando el acordeón. Fueron de los pocos en tomarse en serio eso del fascismo en España ya desde el año 1933. Por ese motivo, ellos, como nosotros, merecerían el apelativo de “antipatria”, tan del gusto de algunos y, desde luego, usado a la inversa. Fue un acierto que, en 1937, Manuela Ballester, recordara desde NUEVA CULTURA PARA EL CAMPO (núm., 1) que “esos ricos señoritos que nos han hablado de Dios, del orden y de la familia, cambian a Dios por fusiles y cañones, siembran el terror por donde pasan, destruyen hogares e implantan el terror y la muerte”.

Fueron los “antipatria” los que integraron las milicias de la cultura, los que se esforzaron para alfabetizar al pueblo incluso en el frente de batalla. Porque hablar de un pueblo soberano es imposible si hablamos de un pueblo ciego; porque decir cultura fue como decir libertad y decir libertad fue como decir antifascismo. No es casualidad que los “antipatria” respondieran a los “patrióticos” asesinos llamándolos “anticultura”. En esa tesitura, la batalla por la cultura solo se podía entender como la batalla por el destino de esa “comunidad imaginada” que podemos llamar España. Ello no excluye a las otras naciones que la componen: Galiza, Països Catalans o Euskal Herria. La connivencia entre los aparatos de represión del estado español con los resortes más reaccionarios del nacionalcatolicismo, la de los aparatos ideológicos del Estado aliados con las clases dominantes, hizo de nuestra lucha claramente un frente común. Fue Éibar el primer municipio en declarar la Segunda República Española y no fue una casualidad.

Y no, no fue una contienda entre dos pseudo-bloques-totalitarios-intercambiables. El interlocutor de NUEVA CULTURA no era un ente orgánico al que se le supusiera obediencia de partido sino el pueblo entendido como sujeto de decisión, transmisor y productor de ideas: la transformación necesaria de la cultura fue entendida en paralelo a la politización del pueblo en tanto que dueño y señor de su destino. La supervivencia tenía que ser en común para ser viable. Y tenía que ser al margen de los señoritos de la cultura republicana, que se contentaban con mirar al pueblo desde arriba o embutirlo con dramas del siglo de oro cuando no tomaban copitas con José Antonio Primo de Rivera.

NUEVA CULTURA supo que no tenía las llaves para una cultura nueva, porque esta jamás sería una cultura dirigida. Reconociendo sus límites, nuestra iniciativa cultural logró algo muy importante: organizar, precipitar y acompañar la coherencia radical del pueblo y la cultura, disputar la imposición de un mito patriótico a través de la construcción de una alternativa de base popular: luchar para que la inteligencia fuera algo indistinto de lo popular. La cultura no podía ser la mera acumulación de saberes técnicos o eruditos como tampoco lo popular podía pasar por esa amalgama de paternalismo, odio al cuerpo y temor a dios que la expresión más castiza del fascismo reclamaba en una correlación de fuerzas fatal y envenenada.

La España negra de la que hablaba Pierre Vilar en 1956 fue diagnosticada mucho antes por la redacción de Nueva Cultura, plasmada en la serie de posters centrales llamados “Testigos negros de nuestro tiempo” y exhibida por las plazas de muchos pueblos y ciudades del País Valencià: Dènia fue la última parada de un considerable tour organizado por la UEAP. Hoy no podemos leer el último editorial de NUEVA CULTURA porque los bombardeos sobre la ciudad de Barcelona hicieron impracticable la imprenta Seix Barral a finales de enero de 1939.  Sabemos que escupía sin tapujos sobre la política de no-intervención, sobre la connivencia de Europa con el fascismo en el escenario de la última reestructuración del capital, ¿pero acaso no había soldados nazis e italianos por aquí? Nuestra guerra civil “entre hermanos” también tuvo mucho que ver con el imperialismo, al menos con el horizonte de una terrible alianza geopolítica a nivel europeo que estaba fuera de los límites de los concebible hasta la fecha. No por casualidad desde NUEVA CULTURA se hablaba directamente de exterminio o o de guerra imperialista, antes que “guerra civil” se dijo “guerra incivil”.

Allí empieza el salto que acaba hoy. Han pasado 39 años de silencio impuesto y 41 años, 6 meses y 12 días de silencio pactado. De una, grande y libre hasta llegar a Españistán fue necesario un Spain is different, una Champions League de la economía, un ¡España va bien! Muchos suplementos culturales enseñándonos a ser chic y a conocer las novedades literarias o la última exposición que se inaugura en Madrid. Una buena Ley Mordaza como puente entre la generación perdida y la nueva hornada de entrepeneurs barbilampiños e hijos de papá: una crisis provechosa para bien pocos y de ella las estructuras de poder salen reforzadas, como muchos sectores profesionales salen precarizados.  Se le ha lavado la cara a la monarquía y muy poco se nos cuenta de la transición Mucho se habla de la clase política corrupta y muy poco de los corruptores que se hacen a sí mismos. Nuestra gobernanza –¿podemos hablar de gobierno en el escenario del neoliberalismo? –  lleva el laissez faire un poquito más lejos de lo tolerable por el ya rancio buen gusto burgués en la connivencia de los fachas de toda la vida con los burócratas descafeinados del austericidio; la anticultura que nos lleva a juicio es la mejor amiga de las garrapatas que nos llevan robando más de 80 años, de la misma bazofia asesina de tantos y tantos feminicidios que nos llenan de rabia y de vergüenza. La política se ha convertido en la gestión politizada de intereses despolitizados mientras siguen oliendo mal las cloacas del estado y en toda Europa repunta el fascismo mientras los barrios se depauperan o gentrifican.

Pensamos también que la institucionalización de buena parte de nuestro bloque crítico, que pudo parecer muy necesaria, tampoco ha sido gratuita. Aquí no nos vamos a casar con nadie si eso nos impide tener las cosas claras. Una iniciativa como esta no es accidental. Aparece la tercera singladura de NUEVA CULTURA y se sostendrá gracias a un esfuerzo que siempre estaremos dispuestos a compartir, pero que no estamos dispuestos a negociar.

Ahora NUEVA CULTURA es una revista digital que salta a las redes y recibe colaboraciones en todas las lenguas del estado español. Hoy hacemos de tripas corazón para darle continuidad a NUEVA CULTURA, cuando los torturadores y los crucifijos se han acomodado aquí y ahora, en la enésima reestructuración del capitalismo.

Con el pesimismo de la razón no podemos sino retuitear o postear que “la espada y el crucifijo proyectaron un fatalismo mortal sobra la historia de nuestra cultura”. Sí, pero el optimismo de la voluntad nos viene a decir otra cosa. Y aquí entras tú, que lees, que escribes, que haces fotos o editas vídeo, que produces las imágenes que necesitamos para contar nuestra historia, que es la historia de todas: hacer de esta experiencia nuestra algo compartido, que no puede ser de otra manera, y hacernos reconocibles como pueblo insistiendo en todo aquello que tenemos de digno para disfrutar de la parte que nos toca. Que siempre nos perteneció.

Nueva Cultura

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