De poetas, experiencias y casualidades

De poetas, experiencias y casualidades

Fernando Candón

Si el poder no es reconocido como poder, su fuerza queda anulada. Es por este motivo que el discurso legitimador de los agentes dominantes de los campos sociales necesita ser refrendado por los sectores dominados, porque de no ser así el propio discurso carecería de sentido y de razón de ser. Por ello, tras el advenimiento de la democracia española, la figura del intelectual pasa de ser la de un hombre recto y de principios conservadores a ser la de un progresista de puño levantado. La nueva división de fuerzas surgidas tras el 75 obliga a las partes a repartirse el pastel. El sector cultural pasa a ser oficialmente de la izquierda: adiós a Pemán y a Panero, hola (de nuevo) a Alberti y a Hernández. El canon literario, fuera de control tras el boom económico de los 60, refuerza las figuras que el franquismo ha censurado o anulado. En cambio, se condena al olvido a los literatos que fueron afines al régimen dictatorial de Franco.

En este intercambio de balas culturales y mercantilización de todo lo susceptible de ser mercantilizad, piden paso las nuevas generaciones de poetas. Los nuevos líricos, criados durante la dictadura, son los protagonistas de la época más fructífera (por lo menos cuantitativamente hablando) de la poesía contemporánea española. Con la perspectiva que dan los más de treinta años que separan los 80 de hoy en día, se puede decir que en aquella década se vivió una lucha de corrientes por hacerse con la hegemonía de un campo que había reiniciado su historia tras el 78. Que ahora mismo sigamos hablando de la poesía de la experiencia como grupo hegemónico es un indicador de quién salió victorioso de aquella contienda. No lo tenían fácil García Montero y compañía, pero una mezcla de talento, padrinos, medios de comunicación y apoyo editorial y académico los coronaron por encima de otras tendencias. Su mérito en gran parte, más allá de lo que haya detrás del propio poema, residía en una poética que se adaptó perfectamente a una España que condensó todo el espíritu posmodernista en apenas una década. El resultado de esto fue que, por primera vez, la poesía se transformó en un producto consumido por lectores no habituados a la lírica. Las consecuencias directas de esta asimilación de la lírica fue la popularidad del poeta en los medios de comunicación, adquiriendo de esta forma el grado de «intelectual». Este posicionamiento público de muchos de los autores que en el 2007 serían oficialmente seleccionados como «Poetas de la experiencia» (en la famosa antología de Araceli Iravedra) les valdría un reconocimiento que iba mucho más allá de los límites del campo cultural. Algunos de ellos tomaron el perfil orgánico al afiliarse a Izquierda Unida, otros se refugiaron en la academia, y los menos se limitaron a su función creativa.

Lo llamativo del fenómeno de vida de la Poesía de la Experiencia es que llegaron para quedarse. Su propuesta caló hasta los cimientos de la sociedad, su reduccionismo lírico —fácil de consumir y coherente con los tiempos que les tocó vivir— los hizo populares (no entre sus coetáneos, con los que tendrían numerosos enfrentamientos), y su «intelectualismo» les posibilitó la creación un discurso creíble. En cierto modo, y salvando las distancias, habían emulado la campaña de Baudelaire para entrar en la Academia Francesa. Con una poética totalmente opuesta a sus predecesores, los novísimos, entraron desde Granada en el panorama poético español gracias al impulso de Juan Carlos Rodríguez y al padrinazgo de Rafael Alberti. La nueva sentimentalidad —como germen de la Poesía de la Experiencia— enarboló un discursó marxista que cuajó en los primeros años de la democracia española, pero que cayó por su propio peso en no mucho tiempo. Se autonombraron herederos de la intelectualidad exiliada y se proclamaron como una revolución en las letras españolas. Si hay una sola certeza en este discurso es que en esa emulación en la que Baudelaire solicita ante el esperpento y el miedo —por las consecuencias— un puesto en la Academia Francesa (que tanto había denigrado desde la Bohemia) ellos no eran Baudelaire: la Poesía de la Experiencia nació otorgando una poltrona dentro de la Academia a cada uno de sus miembros.

Los poetas de la experiencia vivieron en los 90 una época de éxitos creativos y profesionales. A pesar de haber nacido en los 80 llegaron a la primera década de los 2000 siendo el grupo hegemónico dentro de la lírica española. De hecho, tanto es así que su antología oficial no vería la luz hasta el 2007. Pero lo cierto es que, a pesar de su indiscutible posicionamiento dominante, su discurso había perdido credibilidad en el transcurso de los años. A partir de los 90 varios grupos se habían enfrentado a los poetas de la experiencia (Alicia bajo cero o Voces del extremo, entre otros) a través de diferentes propuestas o, directamente, atacándolos. Pero el argumento de la poesía experiencial ganaría un nuevo poder para mantenerse con la corona lírica: el apoyo de Visor.

La editorial madrileña inició a mediados de los 90 una política de concentración de los autores de la experiencia bajo su sello. Así, también comenzó a acaparar la organización de muchos de los principales premios literarios de financiación pública. Se da la casualidad que, desde que tienen lugar ambos hechos, estos concursos los ganan los autores de Visor casi en su totalidad. Por poner unos ejemplos: la tasa de poetas de Visor que vencen el premio Generación del 27 del 2002 al 2015 es del 93%, y la del premio Ciudad de Melilla del 2001 al 2015 es del 87%. García Montero es categórico cuando se les acusa de manipulación, ellos ganan porque «son los mejores» (siempre según el granadino).

Los nuevos tiempos y las nuevas corrientes políticas desmontan el discurso formado a través de los argumentos heredados del tardofranquismo. En una época que los medios de comunicación han dejado de ser el cuarto poder, en que internet ha provocado una ola de escepticismo, que los dogmas de la vieja izquierda han caducado, es difícil que las palabras de unos autores que hablan desde arriba penetren en el pensamiento de los de abajo (que por primera vez desde los albores de la democracia están tomando conciencia de ello). Podríamos hablar del apadrinamiento por parte de los autores experienciales de estos «nuevos poetas» surgidos de los escenarios musicales y de Youtube, con evidente intención de mantenerse en una posición dominante, pero eso daría para otro artículo.

En pleno 2017 vemos que el discurso de la Poesía de la Experiencia ya no se lo cree casi nadie, a pesar de mantener el apoyo político, académico, cultural y académico. A pesar de esto, siguen manteniéndose como los poetas de referencia en el panorama español.

Nueva Cultura

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